¿Qué espíritu nos anima?

Por Marcelo Venegas – Chile

Cuando miramos Latinoamérica a la luz de la noche, en sus ciudades espejeadas al cielo, bajo el tímido alumbrar de sus descuidados faroles…

Cuando dejamos escapar la imaginación a un diálogo íntimo, casi loco, con sus monumentos centenarios, con sus fundamentos milenarios, nos parece sentirnos parte de un solo clamor, hijos de los hijos de esas piedras.

Pero cuando, por suerte, el azar nos lleva de su mano a caminar, una y otra vez, de la ciudad a sus entrañas, a sentar la mirada sobre sus campos, a aguzar el oído en los acentos de sus gentes, a estrechar la mano con sentido a los lugareños, nos sentimos heridos con el dolor de un insólito reencuentro, con hermanos que antes sólo sospechábamos tales.

Así, nuestro caminar va cobrando sentido nuevo, ya no se sabe tan solo, se siente acompañado de tantos avatares antiguos y contemporáneos.
Así, después de tanto divagar, nos damos cuenta de la altura inmensa de nuestra cultura común, de la profundidad de las raíces tan diversas que nos hacen, sin embargo, semejantes.
Así, sin afán de haber encontrado la última razón para nuestra unidad, nos basta para siempre este sentirnos profundamente hermanos sin alguna explicación, como analfabetos la primera mañana de nuestra primera niñez.

Con este espíritu nuevo, lleno de sueños y de la fuerza que da haber viajado tanto, haber perdido tanto, haber encontrado tanto, me acerco a Ustedes, esparcidos entre los diversos brazos de la común América herida y soñadora, de la América multilingüe y española, de la América tan noble y tan podrida, tan suave y tan rugosa, tan íntimamente contradictoria y sincera, nos vamos rehaciendo en un nuevo discurso, una tarde de febrero en Bogotá.

Con ese espíritu que, por tan antiguo y bien fundado, puede ser nuevo y renovar, me animo a caminar juntos, para juntos construir en la libertad de nuestros corazones, en la riquísima diversidad de nuestros dones, una senda común que sea, ¿por qué no? nueva senda para nuestros ya cansados pasos.

Para algunos es un comienzo, para otros un regreso, para algunos un nuevo desafío, para otros una oportunidad. Sumamos y sumemos fuerzas en pro de los bienes de todos, de cada uno: el Bien Común.
Así, desposeídos de cualquier intención que no sea ese bien, tendrá sentido caminar juntos esta senda de común desarrollo que hemos dado en llamar CIDE.

Santiago, 19 de marzo de 2011.

 

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